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En la propia ciudad hay mucho para ver y hacer. Bratislava con una larga historia - como el hogar de celtas, romanos, alemanes, húngaros, judíos y por supuesto eslovacos - significa que hay una gama impresionante de la arquitectura, idiomas y gastronomía.
Las casas hermosas de las familias nobles austro-húngaras que construyeron en su día palacios por toda la ciudad y muchos de ellos actualmente están abiertos al público como museos y galerías. El Castillo de Bratislava, con su larga y accidentada historia (se ha destruido más de una vez), está siendo sometido a una importante restauración. Desde sus murallas hay unas vistas excelentes del casco antiguo medieval y de las orillas del Danubio.
En el pasado, Bratislava fue uno de los centros de estudios judíos más importantes en Europa. Un monumento único dedicado al conocido rabino, Chatam Sofer, y el Museo de la Cultura Judía celebran esta herencia.
El comunismo también dejó sus huellas: en la otra orilla del rio las filas inconfundibles de bloques de viviendas de hormigón - paneláky en Eslovaco- llenan la línea del horizonte, con el Puente Nuevo evocando el plato OVNI en el primer plano.
El río Danubio en sí mismo, por supuesto, es uno de los principales activos de la ciudad. A lo largo de sus orillas hay varias cafeterías, a poca distancia del centro. En el "OVNI" en lo alto del río, también se ubica una cafetería-bar del mismo nombre. Las cubiertas peatonales del Nuevo y el Viejo Puente son buenos lugares para observar el tráfico del río, incluyendo enormes barcazas del Danubio, que se deslizan lentamente. Usted mismo también puede salir a navegar: a diario salen barcos hacia la cercana capital de Austria, Viena.
En los últimos años, una sucesión de hoteles de cuatro y cinco estrellas se han abierto en la ciudad y alojamiento de calidad ya está disponible. También alojamientos económicos se han multiplicado, ahora hay muchas opciones, como albergues para “mochileros” en el centro de la ciudad.
En Bratislava actúan a menudo las grandes estrellas del pop, a la vez que la Filarmónica Eslovaca o la ópera y el ballet del Teatro Nacional Eslovaco presentan periódicamente unos espectáculos de clase mundial.
El centro de la ciudad está lleno de animados bares, pubs y restaurantes que ofrecen cocina internacional- desde la eslovaca, francesa, argentina hasta la japonesa - y la cerveza local y los vinos son excelentes.
Si, después de disfrutar de la comida y de la bebida, les apetece un paseo- a pie o en bicicleta - existen posibilidades casi ilimitadas en las colinas boscosas al norte de la ciudad o a lo largo del Danubio, dirección sur, dónde el patinaje en línea es también muy popular en las decenas de kilómetros de caminos libres de tráfico.
Y si, después de todo esto, Usted todavía desea glamour de alguna de las grandes ciudades - y, con ella, autobuses llenos de turistas - Viena, Budapest o Praga están lo suficientemente cerca como para ir de excursión.
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